Más allá de la escuela: por qué las actividades después de clases son importantes para nuestros hijos.
Cuando pensamos en la educación de nuestros hijos, muchas veces pensamos primero en la escuela. Nos preocupamos por sus maestros, sus calificaciones, la lectura, las matemáticas y las tareas. Todo eso es importante. Pero el aprendizaje de un niño no termina cuando suena la campana al final del día.
Las horas después de la escuela también pueden convertirse en una oportunidad para aprender, hacer amigos, descubrir nuevos intereses y desarrollar habilidades que los niños llevarán consigo durante toda la vida.
Una actividad después de clases no tiene que ser complicada ni costosa. Puede ser fútbol, baile, música, arte, ajedrez, teatro, un club de ciencias, clases en una biblioteca, un programa comunitario o muchas otras opciones. Lo importante es encontrar algo que le interese al niño y que sea adecuado para la realidad de cada familia.
Aprender cosas que no siempre se enseñan en un salón
Los niños necesitan aprender matemáticas, ciencias y lectura, pero también necesitan aprender a trabajar con otras personas, resolver problemas, escuchar instrucciones, manejar la frustración y tener confianza en sí mismos.
Las actividades después de clases pueden ofrecer muchas oportunidades para practicar estas habilidades.
Por ejemplo, un niño que juega fútbol aprende que no siempre puede tener la pelota. Tiene que comunicarse con sus compañeros y entender que todos forman parte del equipo.
Una niña que participa en teatro puede aprender a hablar frente a otras personas y sentirse más cómoda expresándose.
Un niño que toma una clase de arte puede descubrir que tiene una habilidad que nunca había explorado.
Estas experiencias también son parte de la educación.
Investigaciones recopiladas por Afterschool Alliance han encontrado que los programas de calidad después de la escuela pueden ayudar a los estudiantes a desarrollar habilidades sociales, mejorar su participación en la escuela y fortalecer su bienestar.
Un lugar para descubrir lo que les gusta
No todos los niños descubren sus talentos dentro del salón de clases.
Un estudiante puede tener dificultades con algunas materias y, al mismo tiempo, ser excelente construyendo cosas, dibujando, cocinando, corriendo, cantando o trabajando con computadoras.
Cuando los niños tienen la oportunidad de probar diferentes actividades, empiezan a conocerse mejor.
Tal vez su hijo pruebe baloncesto y descubra que no le gusta. Eso también está bien. Después puede intentar música, robótica o natación.
La infancia es precisamente el momento para explorar.
Como padres, no necesitamos encontrar inmediatamente “el talento” de nuestros hijos. Podemos simplemente darles oportunidades para descubrir qué cosas despiertan su curiosidad.
Las actividades también pueden apoyar el aprendizaje
Participar en una actividad después de clases no significa quitarle importancia a la escuela. En muchos casos, puede complementar lo que los niños están aprendiendo durante el día.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, conocidos como CDC, explican que algunos programas fuera del horario escolar pueden apoyar el rendimiento académico y que los programas enfocados en habilidades personales y sociales están relacionados con comportamientos sociales positivos.
Además, aprender no siempre tiene que parecerse a una tarea.
Construir un robot puede involucrar matemáticas y ciencias. Preparar una receta puede ayudar a practicar medidas y fracciones. Participar en teatro puede fortalecer la lectura y el vocabulario. Un club de ciencias puede permitir que un niño vea en la práctica algo que primero aprendió en un libro.
Cuando un niño disfruta lo que está haciendo, muchas veces ni siquiera siente que está estudiando.
Hacer amigos fuera del salón de clases
Las actividades también ofrecen algo muy sencillo pero muy importante: oportunidades para convivir con otros niños.
Durante el día escolar, los estudiantes normalmente pasan gran parte de su tiempo con los mismos compañeros. Una actividad después de clases puede permitirles conocer niños de otras clases, otras escuelas o incluso otras edades.
Esto puede ser especialmente valioso para un niño que todavía está tratando de encontrar su grupo de amigos.
Los programas después de la escuela también pueden proporcionar relaciones positivas con adultos como entrenadores, maestros, mentores y líderes comunitarios. Las investigaciones sobre estos programas destacan la importancia de contar con adultos y compañeros que brinden apoyo.
A veces una palabra de ánimo de un entrenador, maestro de música o líder de un club puede quedarse con un niño durante muchos años.
Mantener el cuerpo activo
Para muchos niños, una gran parte del día escolar transcurre sentados. Después llegan a casa y es fácil pasar todavía más tiempo frente a una televisión, tableta, teléfono o videojuego.
Las actividades físicas ofrecen una alternativa.
No necesariamente tiene que ser un deporte competitivo. Caminar, bailar, nadar, montar bicicleta, practicar artes marciales o participar en juegos recreativos también puede ayudar.
Los CDC señalan que la actividad física antes y después de la escuela puede aumentar la cantidad total de movimiento que realizan los estudiantes y también puede beneficiar su desempeño académico.
Lo más importante es ayudar a nuestros hijos a descubrir una forma de movimiento que disfruten.
Aprender compromiso y responsabilidad
Cuando un niño participa regularmente en una actividad también comienza a comprender algo que será muy importante cuando crezca: mejorar requiere práctica.
Al principio quizá no pueda tocar una canción completa en el piano.
Tal vez falle muchos tiros en baloncesto.
Quizás tenga miedo de hablar frente al público.
Pero poco a poco empieza a notar sus avances.
Ese proceso puede enseñarle paciencia, perseverancia y responsabilidad. También puede ayudarle a entender que cometer errores no significa que debe abandonar algo inmediatamente.
Muchas veces el crecimiento ocurre precisamente durante esos momentos en los que algo todavía no nos sale bien.
No tenemos que llenar cada minuto de su día
Existe también otro lado de esta conversación.
Si una actividad es buena, eso no significa que cinco actividades sean cinco veces mejores.
Los niños también necesitan descansar, jugar libremente, pasar tiempo con sus familias y, algunas tardes, simplemente no hacer nada.
La Academia Americana de Pediatría ha advertido sobre los riesgos de sobrecargar a los niños con actividades y destaca la importancia de mantener tiempo para el juego libre. También recomienda que, en los deportes infantiles, los adultos se enfoquen en la diversión y el progreso del niño en lugar de concentrarse únicamente en ganar.
Por eso debemos observar a nuestros hijos.
¿Está emocionado por ir a su actividad?
¿Tiene tiempo suficiente para hacer la tarea?
¿Está durmiendo bien?
¿Tiene tiempo para jugar?
¿Parece constantemente cansado o estresado?
Estas preguntas pueden ayudarnos a encontrar un equilibrio.
Tampoco tiene que ser caro
Otro error común es pensar que las mejores oportunidades son necesariamente las más costosas.
Antes de pagar por una actividad privada, vale la pena investigar qué existe en nuestra comunidad.
Muchas escuelas ofrecen clubes después de clases. Las bibliotecas públicas pueden tener programas gratuitos. Los departamentos de parques y recreación suelen ofrecer deportes, arte y otras actividades a precios más accesibles. También podemos encontrar oportunidades en centros comunitarios y organizaciones sin fines de lucro.
Incluso podemos crear oportunidades sencillas en casa.
Cocinar juntos, cuidar un pequeño jardín, visitar la biblioteca regularmente, salir a montar bicicleta o trabajar en un proyecto de arte también puede ayudar a un niño a explorar sus intereses.
Lo importante no es cuánto dinero gastamos. Lo importante es que nuestros hijos tengan oportunidades para aprender, experimentar y sentirse apoyados.
Deje que su hijo también tenga voz
Finalmente, hay una pregunta sencilla que podemos hacer:
¿Qué te gustaría probar?
A veces los adultos elegimos actividades pensando en lo que creemos que será mejor para nuestros hijos. Pero cuando ellos participan en la decisión, es más probable que se sientan motivados.
Podemos presentarles opciones y dejar que prueben.
Quizás encontremos una actividad que dure solamente unos meses. Quizás encontremos algo que se convierta en una pasión durante muchos años.
No podemos saberlo hasta darles la oportunidad.
La educación de nuestros hijos ocurre en muchos lugares. Ocurre en el salón de clases, pero también puede ocurrir en una cancha, una biblioteca, un escenario, un estudio de arte, un jardín o un centro comunitario.
Cada una de esas experiencias puede ayudar a nuestros hijos a descubrir un poco más sobre el mundo y, quizás todavía más importante, sobre ellos mismos.
Referencias utilizadas
Centers for Disease Control and Prevention. Out-of-School Time. Información sobre programas antes y después de la escuela, aprendizaje, salud y desarrollo social.
Centers for Disease Control and Prevention. Before and After School Physical Activity. Información sobre los beneficios de la actividad física antes y después de la jornada escolar.
Afterschool Alliance. Evaluating Afterschool: The Latest Research on the Impact of Afterschool and Summer Programs. Recopilación de investigaciones sobre rendimiento académico, asistencia escolar, bienestar y participación estudiantil.
Harvard Graduate School of Education. Secrets of Successful Afterschool Programs. Revisión de investigaciones sobre los beneficios académicos, sociales y emocionales de los programas después de la escuela.
American Academy of Pediatrics. Sports programs can offer wide range of benefits, some risks. Información sobre los beneficios de los deportes organizados y la importancia de evitar la sobrecarga de actividades.